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Pseudoartrosis Artrodesis Lisfranc | Dr. Ballester

30/9/2026

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Artrodesis de Lisfranc · Pseudoartrosis · Barcelona

Pseudoartrosis de la artrodesis de Lisfranc: qué hacer si el mediopié no consolida

Barcelona y Mataró — Dr. Manel Ballester, Especialista en Cirugía del Pie

Ya he hablado en otros artículos de este blog de la lesión de Lisfranc aguda y de la artrosis del mediopié que puede aparecer años después como secuela. Este artículo cierra ese círculo: qué pasa cuando la propia cirugía que se hizo para fusionar y estabilizar esa zona no llega a consolidar correctamente.

La artrodesis de Lisfranc fusiona una o varias articulaciones tarsometatarsianas del mediopié, y se indica principalmente en dos escenarios: como tratamiento definitivo de una lesión de Lisfranc grave o inestable en su fase aguda, o como solución a una artrosis avanzada de esta zona, muchas veces consecuencia de una lesión de Lisfranc antigua que no se diagnosticó o trató a tiempo. En ambos casos, el objetivo es el mismo: eliminar el dolor de una articulación dañada devolviendo estabilidad al arco transversal del pie.

Por qué el mediopié es una zona especialmente exigente para consolidar

A diferencia de otras zonas del pie que se pueden proteger de carga con más facilidad, el mediopié recibe fuerza en prácticamente cualquier actividad de apoyo, lo que complica conseguir la inmovilización relativa que necesita el hueso para consolidar bien. Cuando además la artrodesis se realiza tras una lesión de Lisfranc previa, hay que sumar el hecho de que el hueso y los tejidos blandos de la zona ya sufrieron un traumatismo, con la alteración de vascularización y la posible cicatriz interna que eso conlleva. Es una combinación de factores que explica por qué esta artrodesis exige un seguimiento especialmente cuidadoso.

Una particularidad importante: no todas las articulaciones fallan igual

Cuando la artrodesis incluye varias articulaciones tarsometatarsianas —algo habitual en las lesiones de Lisfranc más extensas—, es perfectamente posible que unas consoliden sin problema y otras no, dependiendo de cómo se reparte la carga entre ellas y de las condiciones locales de cada una. Por eso, al valorar a un paciente con dolor persistente tras esta cirugía, no me limito a mirar "si la artrodesis ha consolidado" en términos generales: superviso cada articulación fusionada de forma individual, porque el tratamiento puede necesitar dirigirse a una sola de ellas y no al conjunto.

Cómo identifico la pseudoartrosis en esta zona

El síntoma guía es el dolor en el dorso del pie, a la altura del mediopié, que persiste más allá de los 3-4 meses esperados de consolidación y que típicamente empeora con la carga mantenida o al final del día. Las radiografías en carga, realizadas de forma seriada durante el seguimiento, son la primera herramienta diagnóstica; cuando hay dudas sobre una articulación en concreto, recurro al TAC, que ofrece mucha más definición sobre la presencia o ausencia de puente óseo que la radiografía simple.

¿Cuándo es necesario reoperar?

No toda pseudoartrosis de esta zona requiere cirugía. Si es estable y el dolor es leve, puede manejarse con plantillas rígidas o semirrígidas que limiten el movimiento doloroso de la zona, junto con seguimiento periódico. Planteo la revisión quirúrgica cuando el dolor es relevante para la actividad diaria del paciente o cuando se aprecia progresión de una deformidad asociada, como un colapso progresivo del arco transversal.

Opciones si hace falta revisar

La revisión pasa por resecar el tejido fibroso interpuesto en la articulación o articulaciones afectadas, aportar injerto óseo para estimular la formación de hueso nuevo, y conseguir una fijación más robusta que la original. En algunos casos, si las articulaciones vecinas ya muestran signos de sobrecarga o artrosis incipiente, valoro ampliar la fusión a esas articulaciones en el mismo acto quirúrgico, para evitar una tercera intervención más adelante. Si el paciente fuma, abordar ese factor antes de la revisión es una de las medidas que más impacto tiene en el resultado final, dado su efecto directo sobre la capacidad de consolidación ósea.

Preguntas frecuentes sobre la pseudoartrosis de la artrodesis de Lisfranc

¿Qué es la artrodesis de Lisfranc y cuándo se indica?
Es la fusión quirúrgica de una o varias articulaciones tarsometatarsianas del mediopié, indicada habitualmente tras una lesión de Lisfranc grave o inestable, o como tratamiento de una artrosis avanzada de esta zona, muchas veces secuela de una lesión de Lisfranc antigua mal resuelta.

¿Por qué el mediopié tiene más riesgo de no consolidar que otras zonas del pie?
El mediopié recibe carga constante en prácticamente cualquier actividad de apoyo, lo que dificulta la inmovilización completa durante el periodo de consolidación. Además, cuando la artrodesis se hace tras una lesión de Lisfranc, el hueso y los tejidos de la zona ya han sufrido un traumatismo previo, con la alteración de vascularización que eso conlleva.

¿Cómo noto que la artrodesis del mediopié no ha consolidado?
Dolor en el dorso del pie que persiste más allá de los 3-4 meses esperados, que suele empeorar con la carga mantenida o al final del día. El diagnóstico se confirma con radiografías en carga seriadas y, si hay dudas, con un TAC, que valora con mayor detalle la presencia de puente óseo entre los huesos fusionados.

¿Todas las articulaciones fusionadas en una artrodesis de Lisfranc fallan por igual?
No necesariamente. En una artrodesis que incluye varias articulaciones tarsometatarsianas, es posible que unas consoliden bien y otras no, sobre todo si la carga se reparte de forma desigual entre ellas. Por eso el estudio de imagen debe valorar cada articulación fusionada de forma individual, no solo el conjunto.

¿Siempre hace falta reoperar una pseudoartrosis de Lisfranc?
No. Si es estable y el dolor es leve, puede manejarse con plantillas rígidas que limiten el movimiento doloroso de la zona y seguimiento. La revisión quirúrgica se plantea cuando el dolor es relevante para la actividad diaria o hay progresión de la deformidad.

¿Qué opciones hay si es necesario revisar la artrodesis?
Resección del tejido fibroso interpuesto en la articulación afectada, aporte de injerto óseo, y una fijación más robusta, valorando si conviene ampliar la fusión a articulaciones vecinas si estas también muestran signos de sobrecarga o artrosis. El tabaquismo, si está presente, debe abordarse antes de la revisión por su impacto directo en la consolidación.

¿Te fusionaron el mediopié y el dolor no acaba de desaparecer?

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Pseudoartrosis Artrodesis Tobillo | Dr. Ballester

29/9/2026

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Artrodesis de tobillo · Pseudoartrosis · Barcelona

Pseudoartrosis o mala alineación tras una artrodesis de tobillo: opciones de tratamiento

Barcelona y Mataró — Dr. Manel Ballester, Especialista en Cirugía del Pie

Han pasado varios meses desde tu artrodesis de tobillo y, en la revisión, el hueso "todavía no ha consolidado del todo". Es una frase que genera mucha incertidumbre, porque el objetivo de esta cirugía era precisamente fusionar el hueso, y ahora parece que ese objetivo no se ha cumplido. Vale la pena entender qué significa exactamente y qué opciones reales existen a partir de aquí.

La artrodesis de tobillo busca fusionar la tibia y el astrágalo en una sola pieza ósea, eliminando el movimiento de una articulación dañada por artrosis para acabar con el dolor. Es una cirugía con buenos resultados en la mayoría de pacientes, pero no está exenta de complicaciones: la literatura médica sitúa la tasa de complicaciones tras una artrodesis de tobillo en torno al 50%, la mayoría menores, aunque entre ellas se incluyen dos que merecen una explicación específica: la pseudoartrosis (falta de consolidación) y la consolidación en mala posición.

Qué es exactamente una pseudoartrosis

Cuando el hueso no consolida, en lugar de un puente óseo continuo entre tibia y astrágalo queda un tejido fibroso, cicatricial, que no tiene la resistencia del hueso y puede permitir cierto movimiento en la zona que debería estar fusionada. Ese movimiento residual es lo que genera dolor e inestabilidad. El diagnóstico se confirma con radiografías seriadas a lo largo del seguimiento y, cuando hay dudas, con un TAC, que muestra con mucha más precisión que la radiografía simple si existe o no puente óseo continuo.

Por qué ocurre: los factores que más pesan

  • Tabaquismo: uno de los factores de riesgo más importantes y, a diferencia de otros, modificable por el paciente antes y después de la cirugía.
  • Diabetes mal controlada, que afecta a la microcirculación necesaria para la formación de hueso nuevo.
  • Mala calidad ósea, por osteoporosis u otras causas.
  • Fijación insuficiente durante la cirugía original, o pérdida de la compresión entre los fragmentos con el tiempo.
  • Infección de bajo grado no diagnosticada, una causa que siempre debo descartar activamente ante una pseudoartrosis, porque cambia por completo el planteamiento del tratamiento.

Cuando el problema no es que no consolide, sino que consolida mal

Un escenario distinto, y que conviene no confundir con la pseudoartrosis, es la consolidación en mala posición: el hueso sí fusiona, pero en varo, en valgo, o con un exceso de equino (el pie quedando apuntado demasiado hacia abajo). Esta alteración cambia la forma de caminar y sobrecarga de manera anómala las articulaciones vecinas —sobre todo la subastragalina y la articulación de Chopart en el mediopié—, lo que con los años favorece el desarrollo de artrosis en esas zonas, un fenómeno que de hecho ocurre en la práctica totalidad de artrodesis de tobillo a largo plazo, aunque de forma más marcada y sintomática cuando la alineación original no fue óptima.

¿Siempre hace falta volver a operar?

No. Una pseudoartrosis estable, con poco dolor, en un paciente con actividad moderada, puede manejarse con seguimiento y adaptación funcional sin necesidad de una nueva cirugía. La indicación de revisión aparece cuando hay dolor relevante que limita la vida diaria, inestabilidad significativa, o progresión de una deformidad asociada. Es una decisión que tomo siempre valorando el balance entre el beneficio esperado de una nueva intervención y el riesgo que conlleva operar sobre una zona ya intervenida.

Opciones cuando sí es necesario revisar

Si se decide reintervenir, las opciones dependen del problema concreto. Una pseudoartrosis suele tratarse con resección del tejido fibroso interpuesto, aporte de injerto óseo para estimular la formación de hueso nuevo, y una fijación más estable que la original. Una mala alineación sin pseudoartrosis puede corregirse mediante una osteotomía específica, un procedimiento distinto orientado a realinear el pie más que a conseguir consolidación. Y en pacientes seleccionados —con buena calidad ósea, sin factores de riesgo activos como el tabaquismo, y con expectativas funcionales compatibles— cabe valorar la conversión de la artrodesis fallida a una prótesis total de tobillo, que devuelve algo de movilidad a la articulación en lugar de repetir la fusión. Cada una de estas vías tiene indicaciones y límites distintos, y la elección se hace siempre de forma individualizada.

Preguntas frecuentes sobre la pseudoartrosis de artrodesis de tobillo

¿Qué es una pseudoartrosis de artrodesis de tobillo?
Es la falta de consolidación ósea entre la tibia y el astrágalo tras una artrodesis de tobillo: el objetivo de esta cirugía es fusionar ambos huesos en una sola pieza, y cuando esa fusión no se completa, queda un tejido fibroso inestable en su lugar que puede doler y ceder al caminar.

¿Cómo sé si mi artrodesis no ha consolidado?
El dolor persistente más allá del tiempo esperado de consolidación (habitualmente 3-4 meses), junto con sensación de inestabilidad o de que algo "se mueve" en el tobillo, son las señales clínicas típicas. El diagnóstico se confirma con radiografías seriadas y, si hay dudas, con un TAC, que muestra con mucha más precisión si existe puente óseo continuo entre tibia y astrágalo.

¿Qué factores aumentan el riesgo de que la artrodesis no consolide?
El tabaquismo es uno de los factores de riesgo más importantes y modificables, junto con la diabetes mal controlada, la mala calidad ósea, una fijación insuficiente durante la cirugía original, o una infección de bajo grado no diagnosticada. Identificar cuál de estos factores está presente es clave antes de plantear cualquier cirugía de revisión.

¿Toda pseudoartrosis de tobillo necesita una segunda cirugía?
No necesariamente. Si la pseudoartrosis es estable y el paciente tiene poco dolor, puede optarse por seguimiento y adaptación funcional. La cirugía de revisión se plantea cuando hay dolor relevante, inestabilidad significativa, o progresión de la deformidad, valorando siempre el balance entre el beneficio esperado y el riesgo de una nueva intervención.

¿Qué pasa si la artrodesis consolidó pero en mala posición?
Una consolidación en varo, valgo o con exceso de equino (el pie apuntando demasiado hacia abajo) altera la forma de caminar y sobrecarga de forma anómala las articulaciones vecinas del pie, especialmente la subastragalina y la de Chopart. Si la alteración es significativa, puede corregirse mediante una osteotomía de realineación, un procedimiento distinto de tratar una pseudoartrosis pero que a veces coexiste con ella.

¿Cuáles son las opciones si hace falta operar de nuevo?
Depende del caso: revisión de la artrodesis con aporte de injerto óseo y una fijación más estable, corrección de la alineación mediante osteotomía si el problema es posicional, o, en pacientes seleccionados con buena calidad ósea y sin factores de riesgo activos, la conversión a una prótesis total de tobillo en lugar de repetir la fusión. Cada opción tiene indicaciones y limitaciones distintas que valoro de forma individualizada.

¿Tu artrodesis de tobillo no ha consolidado bien o sigues con dolor meses después?

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Re-rotura del Tendón de Aquiles | Dr. Ballester

26/9/2026

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Tendón de Aquiles · Re-rotura · Barcelona

Re-rotura o debilidad tras la reparación del tendón de Aquiles: qué opciones existen

Barcelona y Mataró — Dr. Manel Ballester, Especialista en Cirugía del Pie

La cirugía del Aquiles suele ir bien, y así se lo digo a la mayoría de pacientes antes de operar. Pero "suele" no es "siempre", y cuando el resultado no es el esperado —ya sea porque el tendón ha vuelto a romperse o porque simplemente no recuperas la fuerza de antes— el paciente necesita respuestas concretas, no solo la frase de que "estas cosas pasan".

Tras la reparación quirúrgica de una rotura del tendón de Aquiles, la mayoría de pacientes recupera una función buena o muy buena. Pero existen dos escenarios de resultado insatisfactorio que conviene distinguir bien porque su origen y su tratamiento son distintos: la re-rotura del tendón, un evento agudo y relativamente poco frecuente, y la debilidad persistente sin rotura, mucho más habitual y con frecuencia infravalorada.

La re-rotura: poco frecuente, pero real

El riesgo de que el tendón vuelva a romperse tras una reparación quirúrgica se sitúa en torno al 3-5% en las series publicadas, algo menor que con el tratamiento conservador. Suele producirse por una carga excesiva o un gesto brusco antes de que la cicatrización sea suficientemente resistente, sobre todo si se acelera la vuelta a la actividad sin respetar los tiempos de rehabilitación. Clínicamente se parece bastante a la lesión original: un episodio agudo, a veces con chasquido y dolor súbito, que contrasta con la naturaleza gradual de la debilidad que describo más abajo.

La causa más frecuente de mal resultado: el tendón elongado

Con más frecuencia de lo que se suele explicar, el problema no es una re-rotura sino una elongación del tendón durante la cicatrización: el tendón consolida y no vuelve a romperse, pero queda algo más largo de lo ideal. Esto reduce la eficacia mecánica del tríceps sural (gemelos y sóleo) al empujar, y el paciente lo nota como una falta de fuerza para ponerse de puntillas, correr o saltar con la misma potencia que antes de la lesión. Es una causa de insatisfacción con el resultado que a menudo no se identifica correctamente si no se explora de forma específica.

Otras causas que explican un resultado por debajo de lo esperado

  • Afectación del nervio sural, una rama sensitiva cercana a la zona quirúrgica, que provoca hormigueo o adormecimiento en el borde externo del pie.
  • Adherencias cicatriciales que limitan el deslizamiento normal del tendón dentro de su vaina, generando rigidez y dolor con el movimiento del tobillo.
  • Rehabilitación insuficiente del tríceps sural: el fortalecimiento específico de esta musculatura requiere meses de trabajo progresivo, y un programa incompleto deja secuelas de fuerza evitables.

Cómo diferencio cada escenario

La exploración clínica —fuerza de flexión plantar, posición de reposo del pie, palpación de la continuidad del tendón— ya orienta bastante, y la completo con ecografía o resonancia magnética cuando hace falta precisar el estado exacto del tendón: si está íntegro pero elongado, si hay una rotura parcial, o si la rotura es completa. Esta distinción es la que determina si el tratamiento va por la vía de la rehabilitación intensiva, la cirugía de revisión, o el manejo del componente nervioso o cicatricial.

Opciones de tratamiento según el diagnóstico

Ante una re-rotura temprana con tejido de buena calidad, en ocasiones se puede reparar de forma directa. En re-roturas más evolucionadas o con tejido deficiente, suele ser necesario reforzar la reparación con la transferencia de otro tendón, como el flexor largo del primer dedo, que aporta tejido sano y mantiene una función de flexión plantar útil aunque menor que la del Aquiles original.

Cuando el problema es una elongación sin rotura, el primer paso siempre es un programa de fortalecimiento específico y mantenido del tríceps sural, que mejora la fuerza funcional en buena parte de los pacientes. Si la elongación es marcada y limita de forma relevante la actividad que el paciente quiere recuperar —sobre todo en deportistas—, puede plantearse una cirugía de acortamiento o refuerzo del tendón, siempre valorando el beneficio esperado frente al riesgo de una nueva intervención sobre una zona ya operada.

Preguntas frecuentes sobre la re-rotura o debilidad tras la cirugía del Aquiles

¿Con qué frecuencia se vuelve a romper un tendón de Aquiles ya operado?
El riesgo de re-rotura tras una reparación quirúrgica es bajo, en torno al 3-5% según las series publicadas, algo menor que tras el tratamiento conservador. No es un riesgo despreciable, pero tampoco justifica la alarma: la inmensa mayoría de reparaciones se mantienen estables a largo plazo si se respeta el protocolo de rehabilitación.

¿Por qué noto el tendón más débil aunque no se haya vuelto a romper?
La debilidad sin re-rotura suele deberse a una elongación del tendón durante la cicatrización: el tendón consolida, pero algo más largo de lo ideal, lo que reduce la eficacia mecánica del tríceps sural al empujar. También puede influir una rehabilitación insuficiente del gemelo y el sóleo, que necesitan un trabajo de fuerza específico y prolongado tras la cirugía.

¿Cómo sé si es una re-rotura o solo debilidad por rehabilitación incompleta?
Una re-rotura suele presentarse con un episodio agudo, a veces con el chasquido característico y dolor súbito, similar a la lesión original. La debilidad por elongación o rehabilitación incompleta, en cambio, es progresiva y se detecta en la exploración como una menor fuerza de flexión plantar y, a veces, una posición de reposo del pie ligeramente más dorsiflexionada de lo normal. La ecografía o la resonancia diferencian claramente ambos escenarios.

¿Qué otras causas explican que el resultado no sea el esperado?
Además de la re-rotura y la elongación, es relativamente frecuente la afectación de la rama sensitiva del nervio sural, cercana a la zona de la cirugía, que provoca hormigueo o adormecimiento en el borde externo del pie. También pueden aparecer adherencias cicatriciales que limitan el deslizamiento del tendón y generan rigidez o dolor con el movimiento.

¿Qué se hace si el tendón se ha vuelto a romper?
Depende del tiempo transcurrido y del estado del tejido. En re-roturas tempranas con buen tejido remanente, a veces se puede reparar de forma directa. En roturas más evolucionadas o con tejido de peor calidad, suele ser necesario reforzar la reparación con la transferencia de otro tendón, como el flexor largo del primer dedo, que aporta tejido sano y mantiene una función de flexión plantar útil.

¿Se puede recuperar la fuerza si el tendón quedó elongado?
Un trabajo específico y mantenido de fortalecimiento del tríceps sural mejora la fuerza funcional en muchos pacientes, aunque no corrige la elongación anatómica del tendón en sí. Cuando la elongación es marcada y limita de forma relevante la actividad deseada por el paciente, puede plantearse una cirugía de acortamiento o refuerzo del tendón, valorando siempre el beneficio esperado frente al riesgo de una nueva intervención.

¿Te operaron del Aquiles y no has recuperado la fuerza o la confianza de antes?

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Dolor Tras Sesamoidectomía en el pie

22/9/2026

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Sesamoidectomía · Dolor tras cirugía · Barcelona

Me operaron de sesamoidectomía y ahora me duele en otro sitio: ¿qué está pasando?

Barcelona y Mataró — Dr. Manel Ballester, Especialista en Cirugía del Pie

Fuiste a la cirugía con un objetivo claro: quitarte el dolor bajo el dedo gordo. Y ahora, semanas o meses después, hay una molestia distinta, en otro punto del pie, y nadie te ha explicado si eso es "normal" o si algo ha salido mal. Es una situación más frecuente de lo que parece, y casi siempre tiene una explicación biomecánica concreta.

Los sesamoideos son dos pequeños huesos situados bajo la cabeza del primer metatarsiano, dentro del tendón flexor corto del dedo gordo. Actúan como una polea que amplifica la fuerza de empuje del dedo y, a la vez, absorben buena parte de la carga que recibe esa zona al caminar. Cuando uno de ellos se retira —por una sesamoiditis crónica, una fractura o una necrosis que no responde a tratamiento conservador—, el reparto de cargas en el antepié cambia. La mayoría de pacientes lo tolera bien, pero en un grupo no despreciable aparece una segunda fase de síntomas que conviene entender bien.

Por qué el dolor puede aparecer en un sitio distinto al operado

La causa más frecuente de "dolor nuevo" tras una sesamoidectomía es la metatarsalgia de transferencia: al retirar un sesamoideo, parte de la carga que antes absorbía esa estructura se desplaza hacia las cabezas de los metatarsianos vecinos, típicamente el segundo. No es una complicación en el sentido estricto, sino una consecuencia mecánica esperable en algunos pies, más probable cuanto mayor es la carga que soportaba originalmente el sesamoideo retirado. Por eso, cuando indico esta cirugía, ya explico al paciente que existe esta posibilidad y qué señales vigilar.

Cuando el dolor persiste en la misma zona operada

Si la molestia se mantiene en el mismo punto donde estaba el sesamoideo, las causas más habituales son distintas: una cicatriz dolorosa o con adherencias, la irritación de una pequeña rama nerviosa sensitiva cercana a la incisión, o —con menor frecuencia— una sesamoiditis residual en el sesamoideo que no se retiró, si la cirugía fue parcial. Cada una tiene un manejo diferente, y diferenciarlas exige una exploración dirigida, a veces apoyada en ecografía o resonancia magnética, no simplemente "esperar a ver si mejora".

La debilidad del dedo gordo: cuándo preocupa

Cierto grado de debilidad al empujar con el dedo gordo es esperable tras retirar un sesamoideo, porque se altera parcialmente la palanca del tendón flexor corto. Lo que sí merece atención es una debilidad marcada, progresiva, o la aparición de una deformidad en garra del dedo gordo (dedo en martillo del primer dedo), que puede indicar una alteración más significativa del mecanismo flexor y que, si progresa, puede requerir una reparación específica de esa estructura tendinosa.

Qué hago cuando un paciente vuelve con estos síntomas

Lo primero es identificar con precisión cuál de estos escenarios es el que corresponde, porque el tratamiento es distinto en cada caso. Para la metatarsalgia de transferencia, empiezo casi siempre con plantillas específicas que redistribuyen la carga fuera del metatarsiano sobrecargado y ajuste temporal de la actividad; si no es suficiente, existen osteotomías de acortamiento o elevación del metatarsiano implicado que pueden plantearse más adelante. Para el dolor localizado en la cicatriz o de origen nervioso, el abordaje inicial es conservador —infiltraciones dirigidas, desensibilización— reservando la revisión quirúrgica para los casos que no responden. Para la debilidad o deformidad progresiva del dedo, valoro la reparación del tendón flexor si el grado de afectación lo justifica.

Cuándo conviene pedir una revaloración

  • Dolor que persiste más allá de 2-3 meses tras la cirugía sin tendencia a mejorar.
  • Dolor de nueva aparición en otro punto del antepié, especialmente bajo el segundo o tercer metatarsiano.
  • Debilidad progresiva o cambio en la forma del dedo gordo.
  • Sensación de "bulto" doloroso o hipersensibilidad concreta sobre la cicatriz.

Preguntas frecuentes sobre el dolor tras sesamoidectomía

¿Por qué me duele ahora el segundo dedo o el otro sesamoideo si me operaron del primero?
Los sesamoideos reparten parte del peso que soporta la cabeza del primer metatarsiano al caminar. Al retirar uno, ese reparto cambia, y en algunos pacientes la carga se desplaza hacia el segundo o tercer metatarsiano, generando lo que llamamos metatarsalgia de transferencia. No es un fracaso de la cirugía en sí, sino una consecuencia biomecánica que hay que vigilar y, si aparece, tratar de forma específica.

¿Es normal notar el dedo gordo más débil después de la cirugía?
Cierto grado de debilidad al empujar con el dedo gordo es esperable, sobre todo si se ha retirado un sesamoideo completo, ya que estos huesos sirven de polea para el tendón flexor corto del dedo. La debilidad marcada o progresiva, o la aparición de una deformidad en garra del dedo gordo, sí merece revisión.

¿Por qué me sigue doliendo en la misma zona donde me operaron?
Puede deberse a varias causas: una cicatriz dolorosa o adherida, irritación de una pequeña rama nerviosa cercana a la incisión, una sesamoiditis residual en el sesamoideo que no se retiró, o simplemente un proceso de curación más lento de lo habitual. Cada una de estas causas tiene un manejo distinto, por eso es importante diferenciarlas antes de decidir cómo actuar.

¿Cuánto hay que esperar antes de considerar que algo no va bien?
La inflamación y cierta molestia son normales hasta los 2-3 meses tras la cirugía. Si pasado ese tiempo el dolor no mejora, si aparece dolor nuevo en una zona distinta a la operada, o si notas una deformidad progresiva del dedo, es el momento de una revaloración específica, idealmente con el mismo cirujano o con una segunda opinión si lo prefieres.

¿Qué opciones hay si aparece metatarsalgia de transferencia?
En primer lugar, plantillas específicas que redistribuyen la carga lejos de la zona sobrecargada, y modificación temporal de la actividad. Si no es suficiente, existen técnicas quirúrgicas dirigidas específicamente a descargar el metatarsiano afectado, como osteotomías de acortamiento o elevación, que se valoran según el metatarsiano implicado y el grado de sobrecarga.

¿Se puede reconstruir el sesamoideo si el resultado no es bueno?
No se reconstruye el hueso retirado, pero sí se puede intervenir sobre las consecuencias: reparar o reforzar el tendón flexor corto si está comprometido, corregir una deformidad del dedo si ha aparecido, o tratar quirúrgicamente la metatarsalgia de transferencia si el tratamiento conservador no es suficiente. El enfoque depende de cuál sea exactamente el problema residual.

¿Te operaron de un sesamoideo y algo no termina de ir bien?

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Rotura del ligamento deltoideo asociada a fractura de tobillo: por qué cambia el tratamiento

20/9/2026

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Ligamento deltoideo · Fractura de tobillo · Barcelona

Rotura del ligamento deltoideo asociada a fractura de tobillo: por qué cambia el tratamiento

Barcelona y Mataró — Dr. Manel Ballester, Especialista en Cirugía del Pie

"Tiene una fractura de tobillo, pero además parece que se ha lesionado el ligamento del lado interno". Es una frase que genera bastante inquietud en urgencias, porque el paciente ya está preocupado por el hueso roto y de repente aparece un segundo problema que no sabe cómo interpretar. En realidad, es precisamente esa combinación la que determina si la fractura se puede tratar sin cirugía o no.

El tobillo se mantiene estable gracias a una estructura en anillo formada por el maléolo interno (con el ligamento deltoideo), el peroné y la sindesmosis, y el maléolo posterior. Cuando una fractura afecta solo a una parte de este anillo y el resto permanece íntegro, la mortaja suele seguir siendo estable. El problema aparece cuando el ligamento deltoideo también se rompe: el anillo queda dañado en dos puntos a la vez, y eso cambia por completo el pronóstico y el planteamiento terapéutico, aunque la fractura ósea en sí no sea especialmente compleja.

Por qué esta combinación se puede pasar por alto

El ligamento deltoideo, a diferencia del hueso, no siempre se visualiza de forma directa en la radiografía simple. Su lesión se sospecha por signos indirectos: un ensanchamiento del espacio claro medial (la distancia entre el maléolo interno y el astrágalo), el nivel y el patrón de la fractura del peroné, y el mecanismo de la lesión —típicamente una rotación externa o una eversión forzada del pie. Si no se busca activamente este signo, es fácil centrar toda la atención en la fractura visible y subestimar la inestabilidad de fondo.

Cómo confirmo la lesión cuando hay duda

Cuando la radiografía simple deja dudas sobre la integridad del deltoideo, recurro a radiografías con estrés en rotación externa, que permiten ver si la mortaja se abre bajo esa fuerza, o a la resonancia magnética, que visualiza directamente el ligamento y su grado de lesión. Esta valoración es clave porque cambia la decisión entre tratamiento conservador y quirúrgico, incluso en fracturas de peroné que, aisladas, se tratarían sin operar.

Por qué cambia el planteamiento quirúrgico

El objetivo principal en estas fracturas no es tanto "coser" el ligamento deltoideo en todos los casos, sino restaurar la estabilidad de la mortaja del tobillo. En muchas ocasiones, fijar correctamente el peroné y, si procede, el maléolo interno, ya devuelve la estabilidad necesaria y el ligamento deltoideo cicatriza por sí solo con el tiempo. En otros casos, la inestabilidad persiste tras fijar el hueso, o el propio ligamento queda interpuesto dentro de la articulación impidiendo una reducción anatómica correcta; ahí sí planteo su reparación directa en el mismo acto quirúrgico.

Qué pasa si esta lesión combinada no se trata con la precisión necesaria

Si la mortaja queda inestable o el astrágalo consolida ligeramente desplazado de su posición centrada, la carga se reparte de forma desigual sobre el cartílago articular. Con los años, esto favorece el desarrollo de una artrosis postraumática de tobillo, que puede aparecer incluso en pacientes jóvenes si la reducción inicial no fue todo lo precisa que este tipo de lesión exige. Es una de las razones por las que insisto en valorar activamente el deltoideo en toda fractura de tobillo con signos de rotación externa, y no dar la fractura por "simple" sin haberlo descartado.

Recuperación: por qué suele ser algo más cautelosa

  • Periodo de descarga habitualmente más prolongado que en una fractura de tobillo estable aislada.
  • Progresión más gradual del apoyo, para dar tiempo a la cicatrización del ligamento reparado o lesionado.
  • Seguimiento radiológico más estrecho para confirmar que la mortaja se mantiene reducida durante la consolidación.
  • Rehabilitación orientada a recuperar la propiocepción del lado interno del tobillo antes de retomar actividad de impacto.

Preguntas frecuentes sobre la lesión del deltoideo asociada a fractura de tobillo

¿Por qué importa tanto el ligamento deltoideo cuando hay una fractura de tobillo?
El ligamento deltoideo, junto al maléolo interno y el peroné, forma parte del anillo que mantiene el astrágalo centrado dentro de la mortaja del tobillo. Si el hueso se fractura y además el deltoideo se rompe, ese anillo pierde estabilidad por dos lados a la vez, y el astrágalo puede desplazarse lateralmente aunque la fractura ósea en sí no parezca muy grave.

¿Cómo se sospecha una lesión del deltoideo si no se ve bien en la radiografía?
El ligamento no siempre se ve directamente en la radiografía simple, así que la sospecha se basa en signos indirectos: un ensanchamiento del espacio entre el maléolo interno y el astrágalo (el llamado espacio claro medial), el patrón y la altura de la fractura del peroné, y el mecanismo de la lesión. Ante la duda, recurro a radiografías con estrés o a la resonancia magnética.

¿Toda fractura de tobillo con lesión del deltoideo necesita cirugía?
No todas, pero sí la mayoría cuando hay inestabilidad demostrada de la mortaja. El objetivo quirúrgico no es tanto reparar el ligamento en sí, que en muchos casos cicatriza razonablemente si se restaura la anatomía ósea, sino fijar la fractura y devolver al astrágalo su posición centrada y estable dentro de la mortaja.

¿Se repara el ligamento deltoideo durante la cirugía o solo se fija el hueso?
Depende del caso. En muchas fracturas, fijar correctamente el peroné y el maléolo interno ya restaura la estabilidad y el ligamento cicatriza por sí solo. En lesiones más complejas, con inestabilidad persistente tras fijar el hueso o con el ligamento interpuesto dentro de la articulación impidiendo una reducción correcta, sí planteo la reparación directa del deltoideo en el mismo acto quirúrgico.

¿Qué pasa si esta lesión combinada no se trata bien desde el principio?
Si la mortaja del tobillo queda inestable o el astrágalo consolida ligeramente desplazado, la carga se reparte de forma anómala sobre el cartílago articular, lo que a medio-largo plazo favorece el desarrollo de una artrosis postraumática de tobillo. Por eso en estas fracturas la precisión de la reducción es más importante que en una fractura de tobillo aislada y estable.

¿Cómo es la recuperación tras operar una fractura de tobillo con lesión del deltoideo?
Suele ser algo más cautelosa que la de una fractura de tobillo estable: periodo de descarga más prolongado y progresión más gradual del apoyo, precisamente porque el ligamento reparado o cicatrizado necesita tiempo antes de someterse a carga completa. El plan concreto depende de si se reparó o no el ligamento y de la estabilidad conseguida en quirófano.

¿Te han dicho que tu fractura de tobillo afecta también al ligamento interno?

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Insuficiencia crónica del ligamento deltoideo: cuando el tobillo se va hacia dentro con los años

19/9/2026

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Ligamento deltoideo · Pie plano valgo · Barcelona

Insuficiencia crónica del ligamento deltoideo: cuando el tobillo se va hacia dentro con los años

Barcelona y Mataró — Dr. Manel Ballester, Especialista en Cirugía del Pie

Ya he hablado en otro artículo de la rotura del ligamento deltoideo tras una fractura de tobillo, una lesión aguda y evidente. Pero hay otra forma, mucho más silenciosa, en la que este mismo ligamento deja de hacer su trabajo: no por un golpe único, sino por un fallo progresivo que se instala a lo largo de años, casi siempre de la mano de un pie plano que se va agravando.

El ligamento deltoideo es el principal estabilizador del lado interno del tobillo. Cuando se rompe de forma aguda, el problema es evidente y se trata como tal. Pero también puede fallar de forma crónica: elongándose y perdiendo tensión de manera progresiva, sin un episodio traumático único que lo explique. El resultado es un tobillo que, poco a poco, pierde su capacidad de mantener el astrágalo centrado, sobre todo bajo carga, y que tiende a inclinarse hacia dentro (valgo) con el paso de los años.

Por qué casi siempre va de la mano del tendón tibial posterior

El ligamento deltoideo y el tendón tibial posterior comparten función: ambos sostienen el lado interno del complejo pie-tobillo. Como ya expliqué al hablar de la disfunción del tibial posterior, cuando este tendón empieza a fallar, el arco del pie pierde soporte y colapsa de forma progresiva. Lo que añado aquí es el siguiente paso de esa misma historia: si el proceso avanza sin tratamiento, el deltoideo —que hasta entonces compensaba parte de la carga que el tendón ya no podía sostener— termina también elongándose y perdiendo su función. En ese punto, el problema deja de limitarse al pie y se extiende al propio tobillo.

La diferencia clave con un pie plano "solo del pie"

En consulta, la distinción que más me interesa establecer es esta: mientras el problema se limita al arco del pie, hablamos de disfunción del tibial posterior. Cuando el propio tobillo empieza a inclinarse en valgo —algo que se aprecia claramente explorando al paciente de pie, por detrás, y se confirma con radiografías en carga del tobillo, no solo del pie— hay que pensar en una insuficiencia asociada del ligamento deltoideo. Tratar solo el componente de pie plano sin abordar la inestabilidad del tobillo, en estos casos, deja el problema a medias.

Cómo se presenta clínicamente

  • Dolor progresivo en la cara interna del tobillo, que empeora con la actividad y con el paso de las horas de pie.
  • Sensación de que el tobillo "cede" o se va hacia dentro, especialmente en terreno irregular.
  • En fases avanzadas, dolor en la cara externa del tobillo, por el impacto óseo entre el peroné y el calcáneo cuando el valgo se acentúa —un dolor que a primera vista parece contradictorio con el origen interno del problema.
  • Aplanamiento visible del arco asociado, coherente con la disfunción del tibial posterior de base.

Tratamiento conservador: la ventana de oportunidad

En fases iniciales, cuando el tobillo todavía es reductible y no hay artrosis asociada, trabajo con ortesis que controlan específicamente el valgo de tobillo y retropié —más allá de una simple plantilla para el arco—, fisioterapia de fortalecimiento del complejo tibial posterior-deltoideo, y ajuste de la actividad para reducir la carga mantenida sobre estas estructuras. Es un abordaje que puede frenar la progresión durante años si se instaura a tiempo, pero pierde eficacia una vez la deformidad se ha estructurado.

Cuándo planteo la cirugía

Cuando la deformidad ya está estructurada o el tratamiento conservador ha fracasado, el planteamiento quirúrgico aborda el conjunto, no solo el ligamento: puede incluir la reconstrucción del ligamento deltoideo, la corrección simultánea del componente de pie plano mediante osteotomías o transferencias tendinosas, y, en los casos más evolucionados con artrosis de tobillo ya instaurada, procedimientos de realineación más amplios. No planteo nunca la reconstrucción aislada del deltoideo si el componente de pie plano de base no se corrige también: el ligamento reparado volvería a fallar bajo la misma carga anómala que lo llevó a insuficiencia en primer lugar.

Preguntas frecuentes sobre la insuficiencia crónica del ligamento deltoideo

¿Qué es la insuficiencia crónica del ligamento deltoideo?
Es la pérdida progresiva de la función estabilizadora del ligamento deltoideo, el ligamento del lado interno del tobillo. A diferencia de un esguince agudo, aquí el ligamento se ha ido elongando o degenerando con el tiempo, y el tobillo pierde de forma gradual su capacidad de mantener el astrágalo centrado, especialmente bajo carga.

¿Por qué se relaciona con el pie plano del adulto?
El ligamento deltoideo y el tendón tibial posterior trabajan juntos para sostener el lado interno del pie y del tobillo. Cuando el tibial posterior falla, como ocurre en su disfunción progresiva, el deltoideo asume una carga para la que no está preparado y termina elongándose. Con el tiempo, ambas estructuras fallan a la vez y el pie colapsa en valgo tanto a nivel del pie como del propio tobillo.

¿Cómo distingo esto de una disfunción del tibial posterior sin más?
La disfunción del tibial posterior afecta principalmente al arco del pie; cuando el deltoideo también falla, la desviación se extiende al propio tobillo, que se inclina hacia dentro (valgo de tobillo) además del colapso del arco. Es una diferencia que valoro explorando específicamente la estabilidad del tobillo, no solo el aplanamiento del pie, y que confirmo con radiografías en carga de tobillo.

¿Duele la insuficiencia crónica del deltoideo?
Sí, aunque el dolor no siempre es el síntoma predominante al principio. Es habitual el dolor en la cara interna del tobillo con la actividad, sensación de inestabilidad o de que el tobillo "cede" hacia dentro, y en fases avanzadas dolor en la cara externa por el impacto óseo entre el peroné y el calcáneo al colapsar el valgo.

¿Se puede tratar sin cirugía?
En fases iniciales, sí: ortesis que controlan el valgo de tobillo y de retropié, fisioterapia de fortalecimiento, y modificación de actividad pueden frenar la progresión durante bastante tiempo. Cuando la deformidad ya es estructurada o hay artrosis asociada del tobillo, el tratamiento conservador deja de ser suficiente.

¿En qué consiste la cirugía cuando ya hay deformidad estructurada?
Depende del grado de afectación. Puede incluir la reconstrucción del ligamento deltoideo, corrección simultánea del componente de pie plano (osteotomías, transferencias tendinosas), y en casos muy evolucionados con artrosis de tobillo, procedimientos de realineación más amplios o incluso artrodesis. Es una cirugía que se planifica de forma individualizada, valorando siempre el conjunto pie-tobillo y no solo el ligamento de forma aislada.

¿Notas que tu tobillo se inclina hacia dentro además de tener el pie aplanado?

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Artrosis y edema óseo de las articulaciones tarsometatarsianas del pie

13/9/2026

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Artrosis mediopié · Lisfranc · Barcelona

Artrosis y edema óseo de las articulaciones tarsometatarsianas del pie

Barcelona y Mataró — Dr. Manel Ballester, Especialista en Cirugía del Pie

Hay una zona del pie de la que casi nadie habla y que, sin embargo, veo con bastante frecuencia en consulta: el mediopié, justo donde los huesos del tarso se unen con los metatarsianos. Los pacientes la señalan con el dedo y dicen "me duele aquí, a mitad de camino", sin saber muy bien qué hay debajo ni por qué nadie se lo había explicado antes con claridad.

Las articulaciones tarsometatarsianas —también llamadas articulación de Lisfranc en conjunto— conectan los huesos del mediopié (las tres cuñas y el cuboides) con la base de los cinco metatarsianos. Es una zona con poca movilidad propia, pero con una función clave: mantener rígido el arco transversal del pie mientras transmite la fuerza del paso. Cuando el cartílago de estas articulaciones se desgasta, hablamos de artrosis tarsometatarsiana, una patología infravalorada frente a la artrosis de rodilla o cadera, pero que puede limitar bastante la marcha si no se identifica a tiempo.

Por qué esta zona se pasa por alto con frecuencia

El dolor del mediopié se confunde fácilmente con una simple sobrecarga o con una metatarsalgia, y muchos pacientes lo arrastran meses o años antes de consultar, sobre todo porque no genera la deformidad visible de un juanete ni la limitación tan evidente de una artrosis de tobillo. En la exploración, el dolor a la palpación directa sobre las articulaciones tarsometatarsianas y el dolor al forzar pasivamente esa zona en pronosupinación suelen orientar bastante bien el diagnóstico, que confirmo con radiografía en carga y, si hace falta valorar el estado del cartílago o descartar edema óseo activo, con resonancia magnética.

La conexión con las lesiones de Lisfranc antiguas

Una de las causas que más me interesa identificar en consulta es el antecedente de una lesión de Lisfranc mal diagnosticada o insuficientemente tratada años atrás. Este tipo de esguince del mediopié, como ya he explicado en otros artículos de este blog, se diagnostica tarde con relativa frecuencia porque en su fase aguda puede confundirse con un esguince banal. Si queda una inestabilidad residual, aunque sea leve, las articulaciones tarsometatarsianas terminan sometidas a una carga anómala durante años, y ese desgaste acelerado desemboca en una artrosis postraumática que aparece mucho después del episodio original —a veces el paciente ni recuerda el esguince que lo inició.

Cuándo el origen no es traumático

También existe artrosis tarsometatarsiana de causa puramente degenerativa, sin ningún antecedente de esguince o traumatismo. La veo con más frecuencia en pacientes con un pie plano o cavo de base, donde la biomecánica alterada sobrecarga estas articulaciones de forma crónica durante años, y en personas con antecedentes familiares de artrosis en otras localizaciones. En estos casos el diagnóstico suele ser más tardío todavía, precisamente porque no hay un evento claro que haga sospechar del mediopié como origen del dolor.

Qué papel juega el edema óseo

En la resonancia magnética de estos pacientes es habitual encontrar edema óseo subcondral en las articulaciones más afectadas: una señal de que el hueso justo debajo del cartílago desgastado está en una fase inflamatoria activa. No es una lesión aparte, sino una manifestación de la propia artrosis en sus momentos de mayor actividad o tras un pico de sobrecarga. Cuando el dolor coincide con brotes de edema óseo más que con un patrón mecánico estable, suelo ajustar el tratamiento hacia medidas que reduzcan la carga de forma más estricta durante ese periodo.

Tratamiento: de lo conservador a la artrodesis

En fases iniciales trabajo con plantillas rígidas o semirrígidas que limitan el movimiento doloroso del mediopié, ajustes de calzado con suela más rígida, e infiltraciones puntuales en las fases de dolor más activo. Es un tratamiento que en muchos pacientes controla la sintomatología durante años sin necesidad de más.

Cuando el dolor persiste pese a estas medidas, la opción quirúrgica habitual es la artrodesis (fusión) de las articulaciones tarsometatarsianas afectadas. Puede sonar más agresivo de lo que es en la práctica: al tratarse de articulaciones con poca movilidad funcional de partida, fusionarlas para eliminar el dolor tiene un impacto mucho menor en la marcha del que la mayoría de pacientes anticipa, siempre que se seleccionen correctamente las articulaciones a fusionar y se respeten las que sí aportan movimiento útil.

Señales para no dejarlo pasar

  • Dolor en el dorso del pie, a la altura del mediopié, que empeora al final del día o de pie prolongado.
  • Antecedente de un esguince "raro" o poco claro en esa zona hace años, aunque en su momento no diera más problemas.
  • Dolor que aumenta al calzar zapato con suela muy flexible y mejora con suela más rígida.
  • Hallazgo de artrosis o edema óseo tarsometatarsiano en una resonancia pedida por otro motivo.

Preguntas frecuentes sobre la artrosis tarsometatarsiana

¿Qué son las articulaciones tarsometatarsianas?
Son el conjunto de articulaciones que conectan los huesos del mediopié (cuñas y cuboides) con la base de los cinco metatarsianos, también conocidas como la articulación de Lisfranc. Forman el arco transversal del pie y son clave para transmitir la fuerza del paso desde el mediopié hacia los dedos.

¿Por qué me duele el dorso del pie a mitad de camino entre el tobillo y los dedos?
Un dolor localizado en el dorso, a la altura del mediopié, que empeora al final del día o tras estar de pie mucho tiempo, es un patrón típico de artrosis tarsometatarsiana. Es una zona que muchas veces se pasa por alto porque no es tan conocida como el tobillo o el juanete.

¿Esta artrosis siempre viene de una lesión de Lisfranc antigua?
No siempre, pero es una de las causas más importantes. Una lesión de Lisfranc mal diagnosticada o tratada de forma insuficiente en su momento puede dejar una inestabilidad residual que, con los años, deriva en artrosis. También existe artrosis tarsometatarsiana de causa degenerativa pura, sin antecedente traumático claro, especialmente en personas con pie plano o cavo de base.

¿Qué diferencia hay entre edema óseo y artrosis en esta zona?
El edema óseo es una reacción inflamatoria dentro del hueso, visible en la resonancia magnética, que puede aparecer por sobrecarga o en las fases activas de la artrosis. La artrosis es el desgaste estructural del cartílago articular, un proceso más lento y, salvo excepciones, irreversible. Pueden coexistir: una articulación artrósica se inflama y genera edema en los momentos de más carga o actividad.

¿Es necesaria la cirugía para la artrosis del mediopié?
No en todos los casos. En fases iniciales trabajo con plantillas rígidas que limitan el movimiento doloroso de esa zona, modificación de calzado y, en fases más sintomáticas, infiltraciones. La cirugía, habitualmente una artrodesis (fusión) de las articulaciones afectadas, la reservo para dolor persistente que no responde al tratamiento conservador.

¿La artrodesis del mediopié deja secuelas importantes en la marcha?
Las articulaciones tarsometatarsianas tienen poca movilidad propia en condiciones normales, por lo que fusionarlas quirúrgicamente cuando ya están artrósicas y dolorosas suele tener un impacto funcional menor del que muchos pacientes temen. El objetivo es eliminar el dolor de una articulación que apenas aportaba movimiento útil, no limitar la marcha.

¿Te duele el mediopié desde hace tiempo sin un diagnóstico claro?

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Disfunción del tendón tibial posterior: el pie plano que aparece de adulto

13/9/2026

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Tibial posterior · Pie plano adulto · Barcelona

Disfunción del tendón tibial posterior: el pie plano que aparece de adulto

Barcelona y Mataró — Dr. Manel Ballester, Especialista en Cirugía del Pie

"Siempre he tenido el arco normal, y ahora, con 50 años, se me ha ido aplanando el pie". Es una frase que oigo con mucha frecuencia, y casi siempre esconde el mismo diagnóstico: una disfunción del tendón tibial posterior que lleva meses o años progresando en silencio antes de hacerse evidente.

El tendón tibial posterior recorre la parte interna del tobillo y se inserta en el pie, y su función principal es sostener el arco longitudinal interno mientras caminamos. Cuando este tendón se inflama, se degenera progresivamente o sufre una rotura parcial, pierde capacidad de sujeción, y el arco del pie empieza a colapsar de forma gradual. No es un proceso agudo: se instaura poco a poco, y por eso muchos pacientes tardan en consultar, pensando que es simplemente "cansancio" o "el pie que cambia con la edad".

Por qué no es lo mismo que un pie plano de toda la vida

Muchas personas tienen un pie plano flexible desde la infancia, sin dolor ni problema funcional, y esto no tiene relación con la disfunción del tibial posterior. La diferencia clave está en el momento de aparición y en la evolución: si el arco se aplana progresivamente en la edad adulta, sobre todo si además duele en la cara interna del tobillo, hay que pensar en el tendón tibial posterior como causa, no en una variante anatómica sin importancia.

Quién tiene más riesgo

  • Mujeres a partir de los 40-50 años, el perfil más frecuente en mi consulta.
  • Personas con sobrepeso, hipertensión o diabetes, factores que afectan a la calidad del tendón.
  • Pacientes que ya partían de un pie con tendencia al valgo o al aplanamiento leve.
  • Personas con sobrecarga mantenida por actividad física intensa o trabajo de pie prolongado.

Cómo evoluciona si no se trata

La disfunción del tibial posterior se clasifica en estadios que van desde una fase inicial —dolor e inflamación del tendón sin deformidad todavía visible— hasta fases avanzadas con el pie ya aplanado de forma fija, rigidez articular, y en los casos más evolucionados, afectación del propio tobillo por la sobrecarga mantenida en una posición anómala. Cuanto antes se identifica, más opciones conservadoras hay disponibles; cuando la deformidad ya está estructurada, el abanico de tratamiento cambia por completo.

Tratamiento según la fase

En fases iniciales, con el tendón todavía viable y el pie aún flexible, trabajo con plantillas específicas que sostienen el arco, órtesis en casos más sintomáticos, fisioterapia orientada al fortalecimiento del tibial posterior y ajustes de actividad. Es un abordaje que, bien seguido, puede frenar la progresión durante años.

Cuando la deformidad ya está establecida o el tratamiento conservador ha fracasado, el planteamiento quirúrgico depende de si el pie sigue siendo flexible o ya se ha vuelto rígido: puede incluir la reparación o transferencia de otro tendón para sustituir la función perdida, osteotomías del calcáneo para realinear el talón, o, en casos con artrosis ya instaurada, procedimientos de fusión articular. No hay una única cirugía "estándar": el plan se diseña según el estadio y la anatomía de cada paciente.

Señales de alarma para no dejarlo pasar

  • Dolor o inflamación en la cara interna del tobillo, por debajo y detrás del maléolo.
  • Aplanamiento progresivo del arco del pie que antes no tenías.
  • Dificultad o dolor al ponerte de puntillas apoyando solo ese pie.
  • Desviación progresiva del talón hacia fuera visto desde atrás.

Preguntas frecuentes sobre la disfunción del tendón tibial posterior

¿Qué es la disfunción del tendón tibial posterior?
Es el deterioro progresivo del tendón tibial posterior, el principal responsable de sostener el arco interno del pie. Cuando este tendón se inflama, se degenera o se rompe parcialmente, el arco pierde su soporte y el pie tiende a aplanarse de forma progresiva, ya en la edad adulta.

¿Es lo mismo que tener pie plano de toda la vida?
No. El pie plano flexible que se tiene desde la infancia suele ser asintomático y no evoluciona. La disfunción del tibial posterior provoca un pie plano adquirido en la edad adulta, que aparece de forma progresiva, suele doler y puede empeorar con el tiempo si no se trata.

¿Quién tiene más riesgo de sufrirla?
Es más frecuente en mujeres de mediana edad, en personas con sobrepeso, con hipertensión o diabetes, y en quienes ya partían de un pie con tendencia al valgo. También puede aparecer tras un traumatismo o una sobrecarga mantenida en personas que caminan o corren mucho.

¿Cómo sé en qué fase está mi disfunción del tibial posterior?
Existen varios estadios, desde una fase inicial con dolor e inflamación pero sin deformidad visible, hasta fases avanzadas con aplanamiento marcado, rigidez de la articulación o afectación del tobillo. La fase determina completamente el tratamiento, por eso la exploración clínica y la resonancia magnética son claves antes de decidir nada.

¿Se puede tratar sin cirugía?
En fases iniciales, sí. Plantillas específicas, órtesis, fisioterapia dirigida al tibial posterior y modificación de actividad pueden frenar la progresión y aliviar el dolor de forma notable. En fases avanzadas con deformidad estructurada, el tratamiento conservador ya no corrige el problema de fondo.

¿Qué tipo de cirugía se plantea en fases avanzadas?
Depende del grado de deformidad y de si la articulación aún es flexible o ya está rígida. Puede incluir reparación o transferencia tendinosa, osteotomías del calcáneo para realinear el talón, o en casos muy evolucionados con artrosis, una artrodesis (fusión) de una o varias articulaciones del pie.

¿Notas que tu arco se ha ido aplanando con el tiempo y te duele por dentro del tobillo?

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Pie cavo en el adulto: por qué el arco muy elevado también da problemas

10/9/2026

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Pie cavo · Deformidad de pie · Barcelona

Pie cavo en el adulto: por qué el arco muy elevado también da problemas

Barcelona y Mataró — Dr. Manel Ballester, Especialista en Cirugía del Pie

Se habla mucho del pie plano, pero el extremo contrario —un arco demasiado elevado— también genera consulta, y en muchos casos con más dolor y más inestabilidad de la que el propio paciente esperaba de "tener el pie bonito y arqueado".

El pie cavo se define por un arco longitudinal más elevado de lo habitual, lo que reduce la superficie de contacto del pie con el suelo y concentra la carga en el talón y en la zona metatarsal. No es una simple variante estética: cambia la forma de repartir el peso al caminar y, en muchos casos, se acompaña de una inclinación del talón hacia dentro (retropié varo) que añade un componente extra de inestabilidad.

Por qué no todos los pies cavos son iguales

Hay pies cavos leves y flexibles que nunca dan ningún problema relevante, y pies cavos marcados y rígidos que generan dolor, callosidades plantares dolorosas y esguinces de repetición. El grado de elevación del arco, la flexibilidad de la deformidad y si existe o no un componente de retropié varo asociado son los factores que más condicionan si un pie cavo necesita tratamiento o simplemente seguimiento.

Cuándo un pie cavo requiere estudio, no solo tratamiento

Uno de los puntos que más subrayo en consulta es que un pie cavo de aparición reciente o progresiva en un adulto no debe tratarse solo como un problema mecánico local. Algunas neuropatías, como la enfermedad de Charcot-Marie-Tooth, pueden manifestarse precisamente con una deformidad progresiva en cavo del pie, y en esos casos el abordaje correcto empieza por identificar la causa de fondo, no por poner una plantilla y esperar. Por eso, ante un pie cavo asimétrico, progresivo o con antecedentes familiares de patología neuromuscular, amplío el estudio antes de plantear cualquier tratamiento.

La relación con los esguinces y la inestabilidad de tobillo

Cuando el pie cavo se acompaña de un retropié varo, el apoyo se desplaza hacia el borde externo del pie, lo que predispone al mecanismo típico del esguince lateral de tobillo. En mi consulta veo con frecuencia pacientes con esguinces repetidos del mismo lado en los que, al explorar el pie por detrás, aparece esta combinación como causa de fondo —un patrón muy similar al que describo en pacientes con retropié varo aislado, pero aquí con el componente añadido del arco elevado.

Tratamiento conservador: primera opción en la mayoría de casos

  • Plantillas a medida diseñadas para redistribuir la carga y compensar el componente de retropié si existe.
  • Calzado adecuado, con más volumen y amortiguación de lo que suele elegir de forma intuitiva un paciente con pie cavo.
  • Fisioterapia centrada en propiocepción y equilibrio muscular, especialmente si hay antecedente de esguinces.
  • Tratamiento local de callosidades dolorosas bajo el talón o las cabezas metatarsales.

Cuándo planteo la cirugía

Indico cirugía cuando el dolor o la inestabilidad no mejoran con las medidas conservadoras, cuando hay lesiones de tendones peroneos o del tobillo que se repiten por la mala alineación de base, o ante deformidades marcadas y progresivas. El planteamiento quirúrgico varía según qué componente predomine —partes blandas, huesos, o ambos— y, en los casos de origen neurológico, según cómo evolucione la enfermedad de base; no es una cirugía única ni estandarizada para todos los pacientes.

Preguntas frecuentes sobre el pie cavo

¿Qué es el pie cavo?
Es una alteración en la que el arco longitudinal del pie está más elevado de lo normal. A diferencia del pie plano, en el pie cavo la carga se concentra más en el talón y en la parte delantera del pie, con menos superficie de apoyo en el mediopié.

¿El pie cavo siempre da problemas?
No. Hay pies cavos leves, bien tolerados, que nunca dan síntomas relevantes. El problema aparece cuando el arco es marcadamente elevado, cuando se asocia a un retropié varo, o cuando genera sobrecargas repetidas que el paciente nota como dolor, callosidades o esguinces frecuentes.

¿Por qué el pie cavo provoca esguinces de tobillo?
Un pie cavo suele asociarse a una inclinación del talón hacia dentro (retropié varo), lo que desplaza el apoyo hacia el borde externo del pie y predispone al mecanismo típico del esguince lateral, sobre todo en terreno irregular o durante el deporte.

¿Es necesario estudiar la causa de un pie cavo en el adulto?
Sí, especialmente si es de aparición reciente o progresiva. Algunos pies cavos tienen un origen neurológico (como el Charcot-Marie-Tooth u otras neuropatías), y en esos casos el enfoque no se limita al pie: conviene descartar una causa de base antes de plantear cualquier tratamiento.

¿Qué tratamientos conservadores existen para el pie cavo?
Plantillas específicas para redistribuir la carga, calzado adecuado con más volumen y amortiguación, fisioterapia orientada a la propiocepción y al equilibrio muscular, y tratamiento de las callosidades dolorosas si las hay.

¿Cuándo se opera un pie cavo?
Lo planteo cuando el dolor o la inestabilidad no mejoran con tratamiento conservador, cuando hay lesiones asociadas de tendones peroneos o del tobillo que se repiten por la mala alineación, o en deformidades marcadas y progresivas. La cirugía se diseña según qué componente predomine: partes blandas, huesos, o ambos.

¿Tienes el arco del pie muy elevado y dolor o esguinces de repetición?

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Alargamiento del dedo del pie en braquimetatarsia

3/9/2026

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El alargamiento del dedo del pie es un tratamiento que se realiza en el caso de dedos cortos o braquimetatarsia. Existen varias técnicas quirúrgicas que permiten conseguir un dedo más largo y más estético com muy buenos resultados.

Deja de esconder tus pies: Solución definitiva a la Braquimetatarsia en Barcelona

Alargamiento del dedo del pie
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Braquimetatarsia · Cirugía Estética del Pie · Barcelona

Alargamiento del Dedo del Pie en Braquimetatarsia

Barcelona y Mataró — Dr. Manel Ballester, Especialista en Cirugía del Pie

Si evitas las sandalias en verano o escondes un dedo del pie más corto que el resto, no estás exagerando: la braquimetatarsia es una causa real de incomodidad e inseguridad, y también una de las pocas deformidades del pie que tiene una solución quirúrgica definitiva.

La braquimetatarsia se produce por una falta de crecimiento de uno de los huesos metatarsianos del pie, casi siempre el cuarto, lo que hace que el dedo correspondiente quede visiblemente más corto que los demás. Puede afectar a uno o a los dos pies, y aunque es poco frecuente, en mi consulta veo casi siempre el mismo patrón: pacientes que llevan años evitando según qué calzado y que llegan pensando que "esto no tiene arreglo". No es así.

¿A quién afecta y por qué se acorta el dedo?

Tener un dedo del pie más corto por un metatarsiano braquimetatarso es un problema poco frecuente que afecta principalmente a mujeres, casi siempre a nivel del cuarto dedo. El hueso deja de crecer antes de tiempo, y el dedo se queda "atrás" respecto al resto del pie. Más allá del componente estético, esto puede alterar la distribución del apoyo al caminar, sobre todo si el acortamiento es importante.

¿Qué opciones de tratamiento existen?

Existen dos técnicas para el alargamiento del dedo del pie, y no son intercambiables: la indicación depende de cuánto hueso falta por ganar.

  • Alargamiento directo con injerto óseo: solo indicado en acortamientos leves o moderados. En acortamientos mayores no lo recomiendo, porque el estiramiento brusco del tendón y del paquete nervioso puede generar alteraciones de balance tendinoso.
  • Fijador externo con osteogénesis a distracción: es la técnica de elección en los dedos muy cortos. Se coloca un fijador externo con unas agujas en el hueso y, mediante un sistema de rosca, el propio paciente va alargando el dedo de forma progresiva cada día. Permite conseguir alargamientos mucho mayores, con resultados estéticos y funcionales muy buenos.

Ninguna de las dos es una solución universal: la elección depende de la exploración y de cuántos milímetros hay que ganar. Lo digo explícitamente porque es una duda que recibo mucho — no todos los dedos cortos se tratan igual.

¿Quieres saber qué técnica corresponde a tu caso?

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Qué esperar durante la recuperación con fijador externo

El proceso con fijador externo es progresivo, no inmediato, y es importante llegar con esa expectativa correcta:

  • Técnica de vanguardia: osteogénesis a distracción (crecimiento óseo natural) o injerto, según el caso.
  • Cicatrices mínimas: abordajes diseñados para ser estéticamente discretos.
  • Apoyo precoz: en la mayoría de los casos se puede caminar con zapato postquirúrgico desde el primer día.
  • Seguimiento continuo: monitorización constante durante la fase de alargamiento para ajustar el ritmo.
  • Control del dolor: protocolos analgésicos pensados para una recuperación confortable.

¿Qué resultados se pueden conseguir?

  • Estética y armonía: recuperar la longitud natural del dedo y la parábola del pie.
  • Libertad de calzado: volver a usar sandalias y zapatos abiertos sin evitar las miradas.
  • Menos carga psicológica al no tener que esconder el pie en la playa o la piscina.
  • Mejor funcionalidad: el alargamiento del metatarsiano corto puede mejorar el apoyo y la biomecánica de la pisada.
  • Resultado permanente: el hueso nuevo formado es hueso propio, no un implante.

Preguntas frecuentes sobre la braquimetatarsia

¿Qué es la braquimetatarsia?
Es un acortamiento de uno o varios metatarsianos del pie, casi siempre el cuarto, que hace que el dedo correspondiente quede visiblemente más corto que el resto. No es un problema exclusivamente estético: en algunos casos también afecta al apoyo del pie.

¿Qué técnicas existen para alargar el dedo del pie?
Existen dos técnicas principales: el alargamiento directo con injerto óseo, indicado solo en acortamientos leves o moderados, y el alargamiento progresivo con fijador externo mediante osteogénesis a distracción, que es la técnica de elección en los dedos más cortos.

¿Es dolorosa la recuperación con fijador externo?
El dolor se controla con protocolos analgésicos específicos y en la mayoría de los casos se puede caminar con un zapato postquirúrgico desde el primer día. La fase de alargamiento se supervisa de forma continua para ajustar el ritmo si aparece molestia.

¿Cuánto tiempo dura el tratamiento completo?
Depende de cuántos milímetros haya que ganar, pero el alargamiento con fijador externo es un proceso progresivo de varias semanas, seguido de un periodo de consolidación ósea antes de retirar el dispositivo.

¿Puedo operarme si no vivo en Barcelona o Cataluña?
El Dr. Ballester atiende esta cirugía en Clínica Creu Blanca (Barcelona) y el Hospital Universitari de Mataró, dentro de Cataluña. Para pacientes de fuera de España recomendamos primero una valoración a distancia antes de planificar el desplazamiento, ya que el seguimiento postquirúrgico requiere revisiones presenciales periódicas.

¿Está cubierto por el seguro médico?
Trabajamos con Adeslas, Sanitas, AXA y DKV, además de pacientes privados. La cobertura exacta depende de cada póliza, por lo que se confirma en la primera valoración.

¿Listo para dejar de esconder el pie?

Visitas en Barcelona (Clínica Creu Blanca) y Mataró (Hospital Universitari de Mataró). Trabajo con Adeslas, Sanitas, AXA, DKV y pacientes privados.

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Tener un dedo más corto (metatarsiano corto) no es solo una cuestión estética, es una limitación para tu vida diaria y tu autoestima.

El Dr. Ballester, especialista en cirugía del pie, te ayuda a recuperar la armonía natural para que vuelvas a calzarte lo que quieras con total confianza.

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Qué conseguirás tras la corrección de la braquimetatarsia mediante una cirugía?
  • ✅ Estética y Armonía: Recupera la longitud natural del dedo y la parábola perfecta de tus pies.
  • ✅ Libertad de Calzado: Vuelve a usar sandalias y zapatos abiertos sin miedo a las miradas.
  • ✅ Adiós a los Complejos: Elimina la carga psicológica de esconder tus pies en la playa o la piscina.
  • ✅ Funcionalidad Total: Mejora el apoyo y la biomecánica de tu pisada al alargar el metatarsiano corto.
  • ✅ Resultados Definitivos: El hueso nuevo es tuyo; una solución permanente para toda la vida.
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Alargamiento del dedo del pie
Alargamiento del dedo del pie mediante fijador externo Imagen intraoperatoria
Alargamiento del dedo del pie
Alargamiento del dedo del pie con un fijador externo
Alargamiento del dedo del pie con un fijador externo
Alargamiento del dedo del pie con un fijador externo
Alargamiento del dedo del pie con un fijador externo braquimetatarso
Alargamiento del dedo del pie con un fijador externo

¿Tienes un dedo del pie notablemente más corto que el resto?

Dr. Manel Ballester valora la deformidad y la técnica más adecuada para tu caso. Clínica Creu Blanca Barcelona · Hospital Mataró.

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    Traumatólogo especialista en pie y tobillo y Sport Medicine.
    Barcelona, España.


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